De ciertas tristezas mejor ni hablar

12 08 2007

“La habilidad de los arpones”

El tiempo entre nosotros se contó con piedras quietas, y de hojas no tuvo nada. No hubo tampoco pausas, sólo presagios.

Ahora me quemo en mí, y vos a las naves. De ciertas tristezas es mejor ni hablar. Ya no quisiera escribir, pero enciende la tarde su lámpara descolorida y no puedo escapar de los amarillos pálidos del aire.

Tu rostro fija las peredes, mi joroba; mi boca pasa como un pez herido, de trueno en trueno hasta la noche.

No solamente limpiavidrios y malabaristas tienen los semáforos de la Cañada de Córdoba, también poetas como Daniel García, que por 35 centavos te pasa, casi de contrabando, un poema a través de la ventanilla del auto y te cambia un poco esa mañana en la que venías puteando a medio país.

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